Llevaba unos días quedando con una chica que estudiaba Medicina. Al curso siguiente (en la práctica, unos tres meses después) se iba fuera, a cursar su especialización, lo cual aseguraba que lo nuestro tenía los días contados, pero a ninguno de los dos parecía quitarnos el sueño. Aún así, puede que ella empezase a engendrar planes de futuro de cómo mantener una relación a distancia con una persona a la que conocía apenas dos semanas y media. Así es como piensan. Así es como sienten.
Y así es como actúan:
Llegó el ansiado día. Ese día en que todo apunta a que lo vas a conseguir. Recibí un mensaje suyo al móvil que contenía, entre otras cosas, el siguiente texto (llegó en modo abreviado, pero lo transcribo al castellano):
"¿Te apetece que este sábado nos tomemos el aperitivo? Venga, que este fin de semana me quedo sola, ¿no te doy pena?"
No hace falta una intuición exagerada ni mucho talento a la hora de leer entre líneas para darse cuenta del mensaje implícito: "quiero sexo".
Pues allí fui. Tomamos el correspondiente aperitivo y la correspondiente comida con las correspondientes conversaciones insustanciales. Surgió el enigma de qué hacer a continuación y acabamos comprando un litro de cerveza y yendo a su casa. Hasta aquí, todo bien. En su casa, empezamos a besarnos. Hasta quí, todo bien
Hasta aquí.
No importó la estrategia a la hora de llevar la situación a terrenos más adultos. Ella las repelía y contrarrestaba con magnificencia y se limitaba a otorgarme besitos, cariñitos y, posteriormente, palomitas de maíz que mantuvieron su boca ocupada, no pudiendo usarla para fines más lúdicos. Eso es hipocresía.
No quiero extenderme en más detalles porque el solo recuerdo de tan estrepitoso fracaso me hunde en la miseria más profunda. Sólo quiero advertiros, hombres, de que el mundo está lleno de brujas así.
Y la cacería no ha hecho sino empezar.
Y así es como actúan:
Llegó el ansiado día. Ese día en que todo apunta a que lo vas a conseguir. Recibí un mensaje suyo al móvil que contenía, entre otras cosas, el siguiente texto (llegó en modo abreviado, pero lo transcribo al castellano):
"¿Te apetece que este sábado nos tomemos el aperitivo? Venga, que este fin de semana me quedo sola, ¿no te doy pena?"
No hace falta una intuición exagerada ni mucho talento a la hora de leer entre líneas para darse cuenta del mensaje implícito: "quiero sexo".
Pues allí fui. Tomamos el correspondiente aperitivo y la correspondiente comida con las correspondientes conversaciones insustanciales. Surgió el enigma de qué hacer a continuación y acabamos comprando un litro de cerveza y yendo a su casa. Hasta aquí, todo bien. En su casa, empezamos a besarnos. Hasta quí, todo bien
Hasta aquí.
No importó la estrategia a la hora de llevar la situación a terrenos más adultos. Ella las repelía y contrarrestaba con magnificencia y se limitaba a otorgarme besitos, cariñitos y, posteriormente, palomitas de maíz que mantuvieron su boca ocupada, no pudiendo usarla para fines más lúdicos. Eso es hipocresía.
No quiero extenderme en más detalles porque el solo recuerdo de tan estrepitoso fracaso me hunde en la miseria más profunda. Sólo quiero advertiros, hombres, de que el mundo está lleno de brujas así.
Y la cacería no ha hecho sino empezar.
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