Anoche, por petición de un buen amigo (y porque no tenía mejor plan), fui a uno de esos locales nocturnos llamados "discotecas" en donde la gente va a bailar música chabacana y, eventualmente, algún remix que destroza un clásico (anoche, en particular, uno de Guns 'n' Roses). No me lo paso bien en esos sitios, por eso me emborracho cuando estoy en ellos.
Pero volvamos al tema del blog: En cierto momento se acercaron dos muchachas de muy buen ver y se pusieron a bailar justo a nuestro lado. Después de unos minutos de revoloteo se alejaron y volvieron a la posición de partida. Mi amigo, sagaz él, dedujo que las chicas estaban allí para que nos presentáramos y, que si no nos dábamos prisa, se irían a exhibirse alrededor de otros galanes. A mí se me pasaron muchas cosas por la cabeza, a saber:
- Ellas se lo pierden.
- Si tantas ganas tienen de conocernos, que se presenten ellas.
- No estarán tan interesadas.
- Pues sí que están buenas, sí.
Y algunas barbaridades más fuertes.
Al final, tal como vaticinó mi amigo, tras cinco minutos sin que diésemos el primer paso las muchachas desaparecieron de nuestro lado, dejándome con unos lastimeros llantos por parte de mi camarada al son de "¡las teníamos a huevo!" o "¡si nos llegamos a lanzar...!".
Y ahora me arrepiento. Me arrepiento de no haberme acercado a decirles "¿qué libro os estáis leyendo?".
Personalmente, creo que no querían nada con nosotros. Considero que, tal y como son los hombres que van a esos locales (que nos dejan en muy mal lugar a los demás), esas muchachas sólo iban buscando un par de fornidos y atractivos mozos que las cortejaran y, a ser posible, que las invitaran a un cubata, para luego dejarlos con las ganas de sexo y seguir buscando otro par de mozos.
Pues no se van a apuntar un tanto conmigo.
Pero volvamos al tema del blog: En cierto momento se acercaron dos muchachas de muy buen ver y se pusieron a bailar justo a nuestro lado. Después de unos minutos de revoloteo se alejaron y volvieron a la posición de partida. Mi amigo, sagaz él, dedujo que las chicas estaban allí para que nos presentáramos y, que si no nos dábamos prisa, se irían a exhibirse alrededor de otros galanes. A mí se me pasaron muchas cosas por la cabeza, a saber:
- Ellas se lo pierden.
- Si tantas ganas tienen de conocernos, que se presenten ellas.
- No estarán tan interesadas.
- Pues sí que están buenas, sí.
Y algunas barbaridades más fuertes.
Al final, tal como vaticinó mi amigo, tras cinco minutos sin que diésemos el primer paso las muchachas desaparecieron de nuestro lado, dejándome con unos lastimeros llantos por parte de mi camarada al son de "¡las teníamos a huevo!" o "¡si nos llegamos a lanzar...!".
Y ahora me arrepiento. Me arrepiento de no haberme acercado a decirles "¿qué libro os estáis leyendo?".
Personalmente, creo que no querían nada con nosotros. Considero que, tal y como son los hombres que van a esos locales (que nos dejan en muy mal lugar a los demás), esas muchachas sólo iban buscando un par de fornidos y atractivos mozos que las cortejaran y, a ser posible, que las invitaran a un cubata, para luego dejarlos con las ganas de sexo y seguir buscando otro par de mozos.
Pues no se van a apuntar un tanto conmigo.