sábado, 31 de mayo de 2008

Welcome to the jungle

Anoche, por petición de un buen amigo (y porque no tenía mejor plan), fui a uno de esos locales nocturnos llamados "discotecas" en donde la gente va a bailar música chabacana y, eventualmente, algún remix que destroza un clásico (anoche, en particular, uno de Guns 'n' Roses). No me lo paso bien en esos sitios, por eso me emborracho cuando estoy en ellos.

Pero volvamos al tema del blog: En cierto momento se acercaron dos muchachas de muy buen ver y se pusieron a bailar justo a nuestro lado. Después de unos minutos de revoloteo se alejaron y volvieron a la posición de partida. Mi amigo, sagaz él, dedujo que las chicas estaban allí para que nos presentáramos y, que si no nos dábamos prisa, se irían a exhibirse alrededor de otros galanes. A mí se me pasaron muchas cosas por la cabeza, a saber:

- Ellas se lo pierden.
- Si tantas ganas tienen de conocernos, que se presenten ellas.
- No estarán tan interesadas.
- Pues sí que están buenas, sí.

Y algunas barbaridades más fuertes.

Al final, tal como vaticinó mi amigo, tras cinco minutos sin que diésemos el primer paso las muchachas desaparecieron de nuestro lado, dejándome con unos lastimeros llantos por parte de mi camarada al son de "¡las teníamos a huevo!" o "¡si nos llegamos a lanzar...!".

Y ahora me arrepiento. Me arrepiento de no haberme acercado a decirles "¿qué libro os estáis leyendo?".

Personalmente, creo que no querían nada con nosotros. Considero que, tal y como son los hombres que van a esos locales (que nos dejan en muy mal lugar a los demás), esas muchachas sólo iban buscando un par de fornidos y atractivos mozos que las cortejaran y, a ser posible, que las invitaran a un cubata, para luego dejarlos con las ganas de sexo y seguir buscando otro par de mozos.

Pues no se van a apuntar un tanto conmigo.

viernes, 30 de mayo de 2008

La frase

No sé si alguno de vosotros ha salido algún día de fiesta, se ha emborrachado, ha ligado y ha acabando practicando el coito con una desconocida en su casa. Yo sí y, aunque no es mi forma preferida de mantener relaciones, no es nada desdeñable.

Quería hablaros hoy de una dama. Una dama como deberían ser todas, en realidad. Una dama que se acercó a mí en un local nocturno. Una dama que me sedujo con sus armas de mujer, aprovechándose de mi estado de embriaguez. Una dama que me llevó a su casa sin conocerme y me dio sexo.

Una recatada dama que a la mañana siguiente me dijo: "no te creas que esto lo hago con todos".

Ya, ¿y qué más?

A parte, ya había quedado bien conmigo la noche anterior un par de veces (y por la mañana otra). ¿Por qué justificarse?

jueves, 29 de mayo de 2008

Sabiduría popular # 2

Con las mujeres hay que actuar como si se estuviese andando sobre el ala de un avión en marcha: no hay que soltarse de ningún sitio hasta que se tenga otro firmemente agarrado.

De fáciles fusiles y dóciles fósiles

Después de apuntarme al pecho me arrancó el corazón, lo tiró a la calzada, lo pisoteó varias veces con la rueda de su antiguo Clio y lo donó a la ciencia, alegando que era una antigua especie ya extinta.

Los científicos la creyeron y lo llamaron 'trilobites'.

Nostalgias...

Recuerdos... ah...

Hoy me ha dado por recordar el viaje que tuve que hacer, por motivos de trabajo, el año pasado a Suecia. Sería por estas fechas... mi empresa tenía que mandar un representante a su filial en Estocolmo y me escogieron a mí, aún no sé muy bien porqué. En cuanto recibí la noticia empecé a fardar ante todos mis amigos diciendo que iba a ser como Alfredo Landa, el Crack, persiguiendo suecas sin cesar. Cuál fue mi decepción al llegar allí y ver que sí, todas eran rubias y altas, pero bastante feas. No obstante, conocí a una muchacha que trabaja en la oficina de al lado que no estaba nada mal. Usando mi factor extranjero que me daba un "-3" a la vergüenza empecé a hablar con ella y en nuestra 3ª conversación (ya el último día) le dije si me podía enseñar la ciudad. Me dijo que sí, que encantada. Vimos la urbe, bromeamos, lo pasamos bien y nos fuimos a tomar unas cervezas. La cosa se calentó y acabamos en el baño del local. Le indiqué con el universal empujón en la cabeza que me realizara una felación. Ella comenzó y me dijo que la avisara cuando... para que se la sacara de la boca. Yo le dije "yes, yes, of course, don't worry" (sísí, por supuesto, no te preocupes). Pero no lo hice. Y solté una carcajada ante su cara de indignación y sorpresa. Total, ¡no la iba a ver más en mi vida!

miércoles, 28 de mayo de 2008

Ante nuestra sed de zorras, sed zorras.

Hola, queridos lectores. Es conocido el antiguo dicho popular de que "los hombres las prefieren rubias pero se casan con las morenas". Este dicho ha quedado anacrónico debido al cambio de los tiempos y al éxito de la industria del tinte. Ahora se podría decir algo como: "los hombres se divierten con las muy zorras pero salen con las menos zorras" (pues todas son zorras en cierta medida). Por tanto, como toda mujer quiere tener novio para poder hablar de él con sus amigas (entre otras cosas), muchas mujeres pretenden hacernos creer que son menos zorras de lo que realmente son, reprimiendo sus instintos en muchas ocasiones.
¿Pero qué está pasando últimamente? Cada nuevo caso de violencia de género y cada divorcio nos hace darnos cuenta de algo: salir/casarse con un hombre te puede llevar a juicio o incluso a la tumba. Por tanto, ¿no será mejor ser muy zorra, divertirse con los hombres y no salir con ninguno, en vez de ser casta, tener novio y acabar muriendo a sus manos?
"Pero es que a mí no me sale ser una zorra", mentiréis algunas. No pasa nada, aquí está el Martillo para echaros una mano. Para empezar, podéis verlo como un juego. Como una competición. Salid un día de fiesta todas vuestras amigas con el acuerdo de que quien más penes se coma esa noche es la que gana. Echadle imaginación. Infinidad de posibles juegos están ahí fuera esperándoos. No volváis a ver la palabra "zorra" como un insulto. Debéis identificaros con ella, sentirla y estar orgullosas de serlo.

Haced caso de mis palabras y todo os irá mejor.

domingo, 25 de mayo de 2008

Aclarando los conceptos

Las mujeres son inseguras por naturaleza y en su mayoría sienten la necesidad de tener un hombre al que poder llamar suyo.
Los hombres son sexuales por naturaleza y quieren sexo con frecuencia.

A la unión creada cuando un hombre y una mujer se asocian para cubrir estas necesidades se la denomina noviazgo y debe durar hasta que una de las dos partes deje de cumplir. Así, si la mujer descubre* que el hombre está siendo infiel cortará y si al hombre se le niega sexo también deberá cortar.

*Exacto, si la mujer lo descubre. El hombre está en su derecho de ser todo lo infiel que quiera siempre que no sea descubierto. El acostarse con otras mujeres mientras se tiene novia es como una recompensa a los más hábiles y astutos.

Sabiduría popular # 1

Como dijo Jacob: "A cuatro patas todas son de pueblo".

Qué sabio.

Primera cacería

Llevaba unos días quedando con una chica que estudiaba Medicina. Al curso siguiente (en la práctica, unos tres meses después) se iba fuera, a cursar su especialización, lo cual aseguraba que lo nuestro tenía los días contados, pero a ninguno de los dos parecía quitarnos el sueño. Aún así, puede que ella empezase a engendrar planes de futuro de cómo mantener una relación a distancia con una persona a la que conocía apenas dos semanas y media. Así es como piensan. Así es como sienten.

Y así es como actúan:

Llegó el ansiado día. Ese día en que todo apunta a que lo vas a conseguir. Recibí un mensaje suyo al móvil que contenía, entre otras cosas, el siguiente texto (llegó en modo abreviado, pero lo transcribo al castellano):
"¿Te apetece que este sábado nos tomemos el aperitivo? Venga, que este fin de semana me quedo sola, ¿no te doy pena?"
No hace falta una intuición exagerada ni mucho talento a la hora de leer entre líneas para darse cuenta del mensaje implícito: "quiero sexo".

Pues allí fui. Tomamos el correspondiente aperitivo y la correspondiente comida con las correspondientes conversaciones insustanciales. Surgió el enigma de qué hacer a continuación y acabamos comprando un litro de cerveza y yendo a su casa. Hasta aquí, todo bien. En su casa, empezamos a besarnos. Hasta quí, todo bien

Hasta aquí.

No importó la estrategia a la hora de llevar la situación a terrenos más adultos. Ella las repelía y contrarrestaba con magnificencia y se limitaba a otorgarme besitos, cariñitos y, posteriormente, palomitas de maíz que mantuvieron su boca ocupada, no pudiendo usarla para fines más lúdicos. Eso es hipocresía.

No quiero extenderme en más detalles porque el solo recuerdo de tan estrepitoso fracaso me hunde en la miseria más profunda. Sólo quiero advertiros, hombres, de que el mundo está lleno de brujas así.

Y la cacería no ha hecho sino empezar.